Invierno, no tienes tiempo ni para vestirte de luz, que te acicalas con nubes blancas por la mañana mientras ciegas con tu aliento de niebla el resto de tu día, recuerda que detrás de tu armadura de bruma gélida sigue saliendo el sol, y que aunque sus rayos no calientan mi cuerpo, el fuego de la llama del amor incondicional y los abrazos de las estrellas polares que, llueva o nive, prevalecen, guiarán por siempre mi camino.
Despierto, me agito
suspiro y atisbo
cierro los ojos, desvelo
pienso en el suelo, horizonte
miro baldosas, cuento cascotes
dejo los miedos, calculo escalones
tengo los dedos un ábaco de ardores
si tengo un hueco en el horizonte
que sea a tu lado
si no me dejan entrar en ningún sitio
ya ni me descalzo
cuando sienta tu piel
ya me rescatará tu cielo
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