viernes, 27 de enero de 2012

Gritando sin voz

    3:36 de la madrugada, cualquiera que saque una conclusión diría: “muy tarde”, sin embargo, aquellos que sepan de que hablo, no dudarían en decir: “buena hora”, tal como la  abuela susurraba en los años mozos. Amedrentada mente, diría yo, sino fuese por la algarabía de pensamientos que surgen por la mente de aquel que sabe que los lunes por la mañana no suelen amanecer a las siete de la mañana, sino a las once o más, y lo dice uno, que más bien dejó de pensar aquel día en el que la luna soltó cuatro bocanadas de aire sobre el mar de la incertidumbre… - ¡maldita crisis! – carraspeé mientras mordía la almohada, preñada de saliva.

    Se me acabaron las lágrimas después de aquella última entrevista, que dejó entrever que tiempos aciagos me han tocado vivir. Y menos mal que dejé de soñar en cosas bonitas después de darme cuenta de la infructuosa existencia de los Reyes Magos. ¡Salve mis neuronas! por un trajín de ideas que llevan surcando desde hace tres meses, como navíos sobre la charca de mi pueblo, muy bravucón él, pero desmoronado por la falta de respeto de aquellos que pisan sobre mí como si de cuatro piedras sobre el camino se trataran…parece como si los granos de arena tuviésemos que pasar tres cretácicos más para convertirnos en piedra y así hacer mella en las suelas de los mocasines que tan bien calzaban quienes los llevaban…

    Sólo me queda sonreír al alba por un nuevo día que alimente aquello que tanto se anhelo y que tan bien se lleva con la palabra felicidad, brindando con un nuevo bostezo que lleve mi esperanza más allá de las estrellas, donde reside bien gustosa mi alma.

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